5 ene. 2012

Canción de Luna (El viaje de Azael)

gracias a las dos dogfluts que consiguieron que esto se hiciera realidad.
Un trocito del próximo capitulo de Azael (todavía sin nombre). una canción que Azael escuchará en una taberna.




Naci entre nubes negras 
pero conseguí convencer a la Luna de que me entregara la cordura de su locura 
con unas pocas palabras. 
Los que hablan de ella cuentan que ha perdido su brillo, 
que la notan apagada;
 incluso algunos la difaman 
al afirmar que ya no encuentra su sitio en la belleza de una noche estrellada. 
Todas ellas son palabras sin sentido alejadas de la realidad, 
de la verdad a la que esta melodía os ha de arrastrar 
si encontráis un sitio y estáis dispuestos a escuchar.


Prestad atención pues a continuación oiréis 
como una ilusión se hace realidad 
con un poco de pasión 
y os sentiréis estremecer. 
Todos pensareis que la Luna es inalcanzable, 
y todos os equivocareis pues aunque mucha distancia nos separe de ella 
es posible acariciar a la dama más bella. 


Una noche oscura, 
tan negro era aquel momento que apenas alcanzaban mis manos la vista, 
apareció en lo alto del cielo la Luna. 
Su brillo baño mi ser, 
mi mirada se perdió en el camino que me separaba de algo tan divino 
que irreal podría parecer 
pero que despertó en mi todos los sentidos. 
Comprendí que mía la tenía que hacer, 
que mi vida era un vaso vacio mientras no la pudiera conocer, 
mientras no pudiera contar con ella en mi destino, 
mientras no pudiera de su belleza beber. 


Y me puse a hablar, 
canté versos tan maravillosos que no los recuerdo 
y que dudo pudiera volver a cantar 
pues nacieron del rincón donde se guardan los besos. 
Ella se conmovió, 
un rayo de su blanca luz rozó el suelo, me deslumbró 
y me dejó frio como el hielo 
cuando la vi danzar a mí alrededor. 
Su pelo dorado reflejaba los cientos de versos 
que sin duda los poetas le habían recitado, 
su mirada acallaba el silencio hasta reducirlo a un inservible objeto. 
Y sonrió, 
y esa risa provocó en mí un delirio de alegría que me llevó a entregarle mi corazón. 
La luna me había entregado su cordura en forma de dama desnuda 
y yo perdí la razón. 


No es que brille menos desde ese día, 
es que brilla sin el fulgor con el que inundo mi vida 
al aceptar mi canción, 
al convertirse en mi guía y entregarme cada noche con toda intención 
de hacer más llevaderos los días 
durante los que permanece escondida por miedo al rencor del sol.

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