21 jun. 2012

ley de vida


Escucha lo que te digo 
y mas fácil será tu camino 
hacia el sino convenido con el destino; 
pues solo siendo el más fuerte, amigo, 
conseguirás lo que te propones, 
ahuyentaras a los temores, 
y dejaras atrás a tus perseguidores, 
crueles lacayos de la envidia, 
que a sucias tretas recurrirían 
con tal de verte caer en la lujuria 
del que no sacia su sed. 
Y podrás ver como todo se nubla 
ante tu mente distraída 
si no te centras en la vía 
que has de seguir 
construir y dirigir. 
se fuerte, amigo, y confidente 
del que solo tu bien pretende, 
apoyo del que tu alma entiende 
y consuelo del caído en el camino, 
pues debes comprender, 
para realmente fuerte ser, 
que se trata de entender 
que no todo está perdido 
aunque alguna vez te veas caer.

19 jun. 2012

lujuria, tienes nombre de mujer.


Si me concentro aun puedo notar tu aliento sobre mi almohada,
mis sabanas suspiran por el calor de tus labios
y mis sueños humedecen tu recuerdo.
Quiero bailar al son de tus jadeos,
beber de tus muslos el jugo de tu cuerpo…
derribar tus defensas y  violar los silencios.

Desataste mi deseo para que se consumiera en tu fuego.
Tu placer dejó huellas en mi cuerpo
que no se atreverá a borrar el tiempo;
y ahora tengo guardado un beso junto a dos caricias
que desean arrancar tres jadeos
que conviertan en cuatro espasmos
tus primeros cinco suspiros lentos.

Quiero que tu piel sea el laberinto
en el que se pierda mi razón para nunca volver,
Que tus pechos sean mi camino
y tú entrepierna la que calme mi sed.
Que se enreden nuestros cuerpos
en la cuerda del derroche y el desenfreno.
Quiero ser el capitán y que tú seas mi puerto.
Quiero que mis manos sean las olas de ese mar
y tu cuerpo mi amarradero.

7 jun. 2012

en nombre del honor


Vivimos en una continua confusión. Un día, hace ya mucho, en algún punto del camino nuestra brújula moral dejó de funcionar. O tal vez fuimos nosotros quien la desconectamos. En ese momento dejamos de ser personas para pasar a ser números, datos, estadísticas… nos perdimos en banalidades y dejamos que nos condujeran como ganado. Y el ganado no tiene voz, ni su voto peso en el devenir de la historia.
Dicen que la historia la escriben los vencedores. Ciertamente lo creo así, tan solo con una puntualización: esa historia se escribe con la sangre de los vencidos. Confiamos nuestro futuro a quienes se empeñan en destrozar nuestro pasado, todo aquello por lo que otros tanto lucharon, y tanto perdieron. Pegamos coletazos en las plazas, divagamos sobre lo divino y lo absurdo… en ocasiones incluso somos capaces de sumarnos en un mismo punto de apoyo para conseguir que el mundo se balancee sutilmente. Y lo dejamos. Renunciamos a ese punto de apoyo tan necesario para darle la vuelta a una realidad instaurada por y para unos pocos elegidos. Esos que manejan los focos mediáticos a su antojo, alejándolos de una realidad que clama representación. Esos que nos distraen con galletitas, como el amo distrae la atención del perro cuando no quiere que se centre en aquello que considera suyo. 
Su planteamiento es sencillo, fácilmente reconocible con solo prestar un mínimo de atención: primero recortar, hacer que aquellos servicios primordiales mengüen hasta el punto de ser entes manejables, pequeños resquicios de una grandeza que poder privatizar con el mínimo revuelo por parte de sus integrantes.
Nos venden reformas con un prospecto que asegura curar los males de una sociedad que ellos mismos han envenenado que resultan ser poco menos que quimeras. Sus recortes no buscan otra cosa que producir mentes maleables que moldear a su antojo, corderitos que aprendan a seguir el camino que ellos marcan al son que ellos tocan.
Mucha gente despertó hace tiempo de esa ilusión de libertad creada para mantener únicamente su estado de bienestar. Otros lo hacen ahora. Tal vez algunos despierten dentro de unas semanas.  Desgraciadamente muchos no lo harán nunca. ¿Los motivos? Resignación, pesimismo, acomodamiento… 
En pleno siglo XXI deberíamos rescatar el honor que predominaba en los tiempos de caballeros y doncellas. Y digo honor, que no es lo mismo que ego u orgullo. Estos dos últimos ciegan la mente, nos hacen encerrarnos en nuestra propia visión del mundo. El honor, por el contrario, nos empuja a ser consecuentes con nosotros mismos, a querernos lo suficiente como para no dejar que destrocen nuestros derechos. El honor nos hace ser mejores, tanto con nosotros mismos como con el mundo.
Puede que solo diga tonterías, tal vez esto no sea más que un intento de soltar un poco de ira acumulada.  Mi honor me obligaba a dejar de lado el orgullo y el ego para sincerarme conmigo mismo.
Despierta, organízate, lucha.