18 jun. 2011

Fuego en el Probador

Apenas eran las cuatro menos cuarto cuando mire el gran reloj que adornaba la torre de la iglesia. Como todavía me quedaba un cuarto de hora para entrar a trabajar me acerque hasta la cafetería de al lado para pedir un cappuccino para llevar.
Cuando cruce la entrada de la tienda vi que aquella tarde estaba siendo tranquila, apenas un puñado de señoras iban de aquí para allí revoloteando entre los carros de ropa mientras Jon las seguía con la mirada. Sus ojos verdes se toparon con los míos mientras lo recorría de arriba a abajo pero no desvié la mirada, él sabía que yo me sentía atraída por él y yo sabía que sus pensamientos hacia mi iban por el mismo camino, pero los dos teníamos pareja por lo que nuestra relación seguía cargándose de esas ganas de arrancarnos la ropa en cualquier rincón que terminan por hacer que cada vez que ves a ese chico tus piernas tiemblen ligeramente. A sus finos labios asoma una sonrisa picarona, gesto que acompaña automáticamente de un giro de caderas para ofrecerme la vista de un culo moldeado por largas sesiones de bicicleta. Mi mano sube inconscientemente hasta mi cuello buscando instintivamente los dos primeros botones para abrirlos y dejar que algo de aire aplaque los sudores fríos que agitan mi pecho. Si por Jon fuera esto terminaría rápido, con el tirando de mi hacia el almacén, cerrando, a medias solo, la puerta y empujándome hacia la parte de detrás de las estanterías donde las cajas de zapatos se apilan en altos estantes. En un par de ocasiones se había acercado hasta mí por detrás, sin que yo me diera cuenta para susurrarme al oído lo que sucedería después. Una vez allí me levantaría hasta apoyarme en el segundo estante dejando todo mi cuerpo a la altura de su boca.
Aparto la vista de su ancha espalda y me dirijo hacia los cambiadores mientras intento apartar de mi cabeza la sensación de excitación que recorría mi cuello mientras él seguía explicándome, con sus labios a escasos milímetros de mi oreja, como después se agacharía para besar mis tobillos y subir por las piernas para detenerse en la cara interior de mis muslos. Mi mano baja sin que me dé cuenta hasta mis muslos y el ligero roce con las medias me estremece. Vuelvo a apartar esos pensamientos mientras me coloco la chapa identificativa con mi nombre y dejo mi bolso encima de uno de los estantes. uno de esos estantes sobre los que me encontraría subida, con los talones apoyados en él y la cabeza de Jon yendo y viniendo por donde quisiera. Mi mano parece tener vida, ahora acaricia mi cuello mientras imagina esa boca besándolo, su lengua recorriendo el lóbulo de mi oreja, su aliento erizando el bello de mi nuca...
justo cuando voy a salir de los cambiadores Jon aparece en la puerta y coloca una mano contra un lateral del marco mientras apoya su espalda contra el otro y exhibe de nuevo esa sonrisa de niño malo que tanto me provoca. El calor empieza a abrirse paso por mis piernas y la única manera de salir de allí es pasando a través del pequeño espacio que deja el cuerpo definido de mi compañero de trabajo. Un segundo para conseguir controlar mis piernas y me encamino hacia él con paso decidido, como si no pasara nada. Al llegar a su altura, y lejos de apartarse para dejarme pasar Jon se adelanta un poco más, estrechando aun más el hueco por el que tengo que pasar. Paso una de mis piernas por delante de él y veo como su mirada se desvía para cubrir el trozo de piel que queda al descubierto desde mi falda hasta la rodilla. Aprovecho ese segundo de despiste para pasar mi cabeza por debajo de su brazo y huelo su fresca colonia mezclado con el olor a camisa nueva. Sin darme cuenta me he puesto de espaldas a él para evitar que me vea roja como un tomate. Pero mi plan tenía un fallo, un error con el que sin duda el había contado por que escucho su risita de satisfacción cuando mi culo empieza a rozar contra su paquete. Intento concentrarme para pasar cuanto antes, pero el calor que desprende es como un imán y las ganas de notar cómo crece su pantalón casi me hacen quedarme allí parada. Cuando consigo salir no miro atrás, es de sobra que su mirada sigue los movimientos de mis caderas así que camino despacio, dejando que sea el ahora el que sienta ese calor.
La tarde pasa sin que pase nada del otro mundo, me dedico a colocar las prendas de la nueva temporada que nos acaban de llegar mientras miro de vez en cuando por encima del hombro para ver lo que hace Jon pero no lo veo. Seguramente este buscando alguna talla para alguna clienta en el almacén así que me voy a dar una vuelta hasta los probadores para recoger la ropa que desechan las clientas y doblarla de nuevo. En los dos primeros no encuentro nada, pero cuando entro en el tercero alguien entra detrás de mí y cierra la puerta mientras me agarra las tetas desde detrás. El desconcierto me invade, pero después de estar toda la tarde fantaseando la verdad es que la rendición es casi inmediata. A las caricias les siguen los besos y los mordiscos en el cuello hacen que mis ojos se cierren y mis piernas comiencen a abrirse ligeramente. Los tacones que llevo puestos me dan unos centímetros más de altura, pero aun así tengo que ponerme sobre las puntas de mis pies para lograr acariciar con mi culo la entrepierna de mi amante. Su pantalón esta duro y mi culo no deja de moverse para provocarlo todavía más. Pasa sus brazos por debajo de los míos, levantándolos por encima de su cabeza y los cruza mientras con sus agiles manos acaricia mi pelo y baja por mi pecho hasta la cintura, agarrándome y meciéndome con el de un lado a otro. Su respiración se acelera en mi oído y consigo bajar una de mis manos hasta la bragueta de su pantalón. Deslizo la cremallera hasta abajo y meto la mano para encontrarme con su polla dura como una piedra, esperando para empezar a jugar en serio. Todavía no le he visto la cara pero mi boca baja decidida por su cuello sin mirar atrás. Desabrocho la camisa botón a botón, disfrutando de cada centímetro de su piel mientras mis manos han abierto ya su pantalón y lo dejan caer al suelo
Para cuando llego a su ombligo su camisa está al lado de su pantalón y el calzoncillo apenas puede mantener oculto lo que yo tantas ganas tengo de saborear. Me entretengo en su vientre, jugueteo con la punta de mi lengua para que sus ganas crezcan aun más. Mis manos acarician su culo, lo recorren de arriba abajo como queriendo memorizar cada trozo de piel y sus manos agarran mi pelo
Mi lengua se desliza hacia abajo y sus manos agarran mas fuerte mi pelo, sabe hacia dónde me dirijo y eso dispara su excitación. Cuando llego a la punta de su capullo y poso la punta de mi lengua en el de su boca escapa un suspiro que me hace tener ganas de dejarlo con ganas de mas, de ser yo la que decida cuando y como puede disfrutar de lo que puedo darle
Pero no puedo aguantar, quiero escuchar de nuevo ese jadeo que se escapo de su boca y la acaricio entera con la lengua mientras noto cómo reacciona, como su calor aumenta y sus piernas se tensan. Me la meto en la boca y comienzo a acariciarla suavemente hasta que el no puede aguantar más y me pone de nuevo de pies
De espaldas a él empuja mi cuerpo contra la pared y me hace apoyar las manos en el banco que ahí al fondo del probador haciendo que mi falda se acorte y casi deje al descubierto la liga de las medias
Sus manos suben por mis piernas y levantan la falda hasta dejarla encima de mi culo. Noto como se arrodilla detrás mío y comienza a subir por mis piernas, desde los tobillos hasta la ingle acariciando con las yemas de sus dedos una vez en mi culo separa sus manos para agarrarme bien el contacto de su lengua sobre mis muslos hace que mis piernas tiemblen y se abran un poco mas bajo la fuerza de sus manos mientras su lengua se abre paso hacia mi coño. Noto como su lengua toca mi culo y mis piernas se estremecen y se abren un poco mas mientras la punta de su lengua se abre paso lentamente hacia mi sexo. Primero lo recorre poco a poco, de arriba a abajo, disfrutando con cada estremecimiento de mi columna
Pero después pasa a subir el ritmo, comienza a pasear toda su lengua por mi sexo ya húmedo. Sus manos comienzan a resbalar en mi culo y mis caderas no pueden evitar empezar a moverse buscándolo a él, buscando su entrepierna y poder sentir algo más que sus frenéticos lametones. El mantiene las distancias, está claro que si antes era yo la que no quería que disfrutara hasta que yo lo dijera ahora es el que quiere hacérmelo pasar mal
Su lengua se detiene y una de sus manos sube por mi espalda hasta llegar a mis pechos, los acaricia suavemente, juguetea con mis pezones ya duros por el placer y los aprieta empujándome hacia el
Haciéndome que note su sexo duro sobre mi culo, provocando que mis muslos se humedezcan más aun y mi deseo porque me penetre aumente hasta límites insospechados. El parece notar mis ansias y coloca la punta de su sexo a la entrada del mío, acariciando de arriba hacia abajo, jugueteando, metiendo un poco la punta para quedarse quieto y matarme de ganas. Mi cuerpo se mueve hacia atrás instintivamente hasta que consigo que me penetre por completo, haciendo que mi boca se abra de par en par y exclame con voz apagada por el placer que me recorre de arriba abajo. Subo el ritmo de mis embestidas hacia el haciendo que mis muslos se mojen todavía más y su entrepierna resbale a la perfección y entre y salga a su antojo, primero despacio, notándola bien adentro y después aumentando el ritmo, agarrándome fuerte de las caderas para clavármela bien adentro y hacerme gemir como una loca. Casi sin darme cuenta un increíble orgasmo se abre paso desde mis muslos hasta mi columna vertebral y me estremezco mientras el termina de correrse con las contracciones de mi sexo.
Antes de que pueda darme cuenta el ya ha salido del probador, mientras que yo me afano por recolocar mi pelo y la ropa en su sito.
Una vez que me veo bien en el espejo abandono el probador y salgo a la tienda con un par de jadeos escapándose todavía de mi boca reseca.
Repaso la tienda con la mirada y veo que está casi vacía. Busco a Jon y lo encuentro al otro lado de la tienda, revisando unas cajas, cualquiera diría que acaba de echar un polvo. La camisa bien planchada, el pelo sin despeinar….
Veo como se dirige hacia el almacén y como si un fuego se encendiera dentro de mí lo sigo. Una vez dentro cierro la puerta y dejo un par de cajas delante, para evitar interrupciones molestas. Cuando me ve acercarme hacia el tan decidida su gesto cambia y veo como el desconcierto lo invade, algo que me descoloca un poco. Lo empujo contra una de las estanterías y le arranco los botones de la camisa para pasar a lamer su pecho sin darle tiempo a que diga nada. Sus músculos se tensan bajo mi lengua y llevo una de mis manos hasta su boca para que la lama bien. Una vez hecho esto mi mano baja acariciando su pecho y llegando hasta su pantalón. Lo ahueco un poco para poder meter la mano dentro y dejo que su saliva haga el resto hasta que su entrepierna crece en mi mano. Me acerco a su oído y le susurro que ahora me toca jugar a mí, y sin darle tiempo a reaccionar me arrodillo delante de su bragueta y comiendo a mordisquear por encima del pantalón. Sus manos, que primero estaban agarradas a los estantes pasan a mi pelo para intentar detenerme, pero rápidamente desabrocho su pantalón y bajo sus calzoncillos. Con su sexo duro en mi boca comienza el juego, primero con la lengua en su capullo, dándole vueltas, después aprieto los labios y subo y bajo para que los note bien apretados contra su sexo. Su respiración se agita y sus manos pasan de intentar separarme a empujarme contra él. Yo sigo con lo mío, mas rápido ahora, mientras acaricio su culo pasando un brazo por entre sus piernas. Una vez me he cansado de jugar con su miembro lo siento en un pequeño banco que hay en el almacén para llegar a las cajas más altas y me retiro un poco para que pueda ver cómo me quito las bragas y se las tiro para acercarme luego y ponerme encima suyo. Agarro su pene con una mano mientras con la otra separo mis labios y me dejo caer, sin previo aviso, hasta golpear mi culo con sus muslos desnudos. Un primer grito se sofoca cuando bajo por segunda vez. Estoy chorreando así que mis acometidas son cada vez más rápidas y salvajes y veo como su cara comienza a tensarse y sus manos pasan de mi culo a su cabeza. Es el momento y empiezo a mover la cintura adelante y atrás cada vez mas fuerte apoyándome en su pecho hasta hacer que se corra como un loco. Me levanto, recojo mis bragas y se las entrego diciéndole que hoy no las voy a necesitar pues están demasiado mojadas.
El me mira con cara extrañada y me contesta que como es que me he decidido a hacer lo que acabábamos de hacer después de tanto tiempo jugueteando. ¿Cómo? No era el que estaba en el probador conmigo hace media hora, el había estado atendiendo clientas toda la tarde. El rubor acude a mis mejillas de inmediato y sin saber dónde meterme ni que decir salgo del almacén reviviendo una y otra vez lo ocurrido en el probador, intentado recordar la cara del desconocido que hizo que aquel probador y yo con el ardiéramos de placer.

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