10 oct. 2012

el pulso del deseo


Soy tu juguete, títere de un teatro perverso,
ese con el que juegas en tus noches,
ese que se desespera sin tus besos.
Me enciendes con el sonido de tus pasos en la oscuridad,
me elevas a un infierno celestial
cuando huelo tu pelo, cuando veo tu deseo
reflejado en la forma en la que caminas,
en la forma en la que me miras…
me enciendes tan solo con hacerme imaginar.
Pero cuando te imagino no consigo superar tu realidad,
la realidad de la tersa piel que me encamina hacia tu ombligo
y de esos lunares que uno con mi lengua
como puntos de un dibujo digno de enmarcar.
Humedezco mis labios secos por la ansiedad
y por las ganas de sentir tú aliento en mi garganta;
La espera parece eterna hasta que llegue el momento de disfrutar.
Decides que ha llegado el momento,
tal vez mi ropa estorbe, la tuya es fácil de salvar:
tan solo un abrigo y unas medias.
Así que me pones en pie y desabrochas mi camisa
mientras te comienzo a besar, a morder tu oreja
y lamer tu cuello intentando no olvidarme de respirar.
Tus labios descienden por mi pecho
hasta que tus rodillas tocan el suelo
y mi deseo alcanza el techo. Comienza el juego.
Las miradas bailan al tiempo que mi pantalón escapa
y se arrastra dejando al descubierto
la excitación con la que tus manos me arrasan.
Mi cuerpo no me pertenece desde el momento en el que tus labios
acarician mis muslos y besan mi pene
que palpita de alegría cuando tu lengua entra en contacto, 
Y su tacto me estremece mientras se mecen tus encantos.
Las sutilezas se pierden y mis manos se aceleran,
se agitan sobre tus brazos para tenerte al alcance de mis labios
y poder comenzar a comerte, a morder cada centímetro de tu piel,
A saborear tu calor y no dejar un rincón sin lamerte.
Notar tu pulso en mi lengua, sumergido entre tus piernas,
aferrado a tu culo para que no te muevas
mientras me distraigo de arriba abajo, de dentro a fuera…
Tus muslos rodean mi cuello y siento que pierdo la cabeza,
nuestros cuerpos giran y tus caderas se suben a las mías
haciendo que yo entre en ti, y de mí salga una sonrisa
que tú contestas con otra cargada de picardía.
El compás cambia, tus caderas son las que mandan 
y mi cuerpo obedece, tensándose con cada embestida
mientras observo cómo se arquea tu espalda
y como la imita la mía.
Tú jadeas, yo suspiro, tu montas y yo te sigo.
Te doy media vuelta, te giras y me lo impides,
yo agarro tus muñecas y te arrincono sin darte un respiro,
sin dejar que tus pechos me entretengan y me aparten del camino.
Es un momento perfecto, con tu cuerpo entre la pared y el mío,
y me recreo en tu nuca sabiendo que ningún tiempo es perdido
si lo invierto en susurrarte al oído
que es una mezcla de gula y lujuria
lo que siento con cada roce de nuestros desnudos cuerpos.
Somos dos fuegos, dos piezas de un puzle perfecto:
encajamos y nos abrasamos mientras mi boca devora tu cuello.
El sudor perla la piel y el final se comienza a ver
cuando tu vientre se tensa y mis piernas tiemblan,
cuando mis jadeos en tu oído se aceleran
y tus gemidos hacen que hasta la pared se estremezca.

1 comentario:

  1. ¡Qué texto más bonito... o incluso perfecto!
    Me ha gustado muchísimo como expresas ese sentimiento de querer estar con alguien, o como lo recuerdas.
    Besos!

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