14 ago. 2013

escritura libre...

   Escritura libre lo llaman, ¡y se quedan tan tranquilos!
   
   Como  si las palabras brotaran cual champiñones… 

   En demasiadas pocas ocasiones el escribir es un acto libre; siempre obedece a una razón: las ganas de soltar todo aquello que enturbia nuestras almas o embota nuestros sentidos, el reflejo de una idea que nos cruza por la mente, la inspiración que nos regala un simple momento, un olor o un recuerdo y que queremos reflejar en un trozo de papel con la intención de hacerlo mas duradero…

   Si, ya sé que en algún momento de la vida incluso yo he dicho eso de “practico la escritura libre para desentumecer las palabras”, pero realmente casi nunca es así. Por muchos esfuerzos que hagamos en dejar la mente en blanco, las palabras se nos revelan, juegan con nosotros al dejarnos creer que tenemos algún poder sobre ellas, cuando, en realidad, nos conducen entre frases para terminar llevándonos al lugar al que debemos llegar. Y es que es lo que tienen las palabras, que viven dentro de cada uno de nosotros y nos conocen mejor de lo que nosotros llegaremos a hacerlo nunca, no al menos mientras no seamos capaces de escribir o pronunciar cada una de sus letras para que se conviertan en realidad.

   Por eso, cuando practicamos la “escritura libre”, terminamos desahogándonos, o escribiendo algo que, al menos en mí caso, termina siendo un reflejo inconsciente de nuestro subconsciente.
Pero bueno, al menos así amortiguo un poco esta sed de letras que empieza a ser ahogante.

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